Reivindico mi derecho:
A no ser castigada, por negarme a participar en ningún circo político,
rebosante de enanos mentales crecidos
A poder recomendarle al dios que me fue asignado,
que busque ayuda en Alcohólicos Anónimos
A versar sobre el cielo, el amor o las florecillas del bosque;
y ser todo lo poéticamente cursi que me venga en gana
A enarbolar la bandera de, el gracias y el por favor;
abominando del exabrupto o el arrollo caballar a lo Atila
A renegar de tarjetas de crédito, bancos y banqueros;
aunque los dependientes tuerzan el morro, mientras cuentan el cambio
A esa cana que, provocadora, apareció anteayer en la sien derecha,
y que ahí seguirá, sin pretender camuflarla con tinte color ala de mosca
A preferir, rotundamente, el vis a vis,
dejando que el móvil críe telarañas en algún cajón
Reivindico, en fin, mi derecho a ser una chucha verde
Consuelo
Tirando a dar
-Culo, teta, pedo, caca…
¡Oh, qué corrosivo soy!
-Miro el ojo de la perdiz, mientras vacío el cargador en tu garganta
¡Por Belcebú, cuánta transgresión!
-Supercalifragilísticoespialidoso
¡Pedazo metáfora en estado puro!
Mamá, piensa: ¡Qué cruz de hijo, con la edad de Cristo y todavía púber
Papa, piensa: ¡Coño, un hijo es un hijo, pero este mío cada día está más gilipollas
La hermana, piensa: ¡Plasta tío, con razón mis amigas escapan en cuanto él aterriza
El tío, la prima, el vecino, la cuñada, el compañero del curro…
Todo aquel que lo trata, piensa:¡Fantasma!
Irrumpe en el local al grito de: ¡Manolo mi ron con ajenjo!
Manolo (que hoy es Juan) alza los ojos al techo y le sirve una cola con gaseosa.
La mesa solitaria del rincón le espera y, una vez más, ordenador portátil en ristre,
se sumerge en la tertulia virtual donde, parte de los contertulios son él mismo.
Contra la soledad y el fracaso, es cruel hacer puntería.
Por eso y como acto de contrición confesaré,
que la munición es sólo de fogueo.
Consuelo
Así que pasen mil Navidades
No puedo precisar año, mundo ni vida
en que, la sospecha empezó a tomar cuerpo
¡El prodigio se daba!
Pero hoy, con la seguridad que otorga la verdad absoluta,
puedo proclamarlo ya a los cuatro vientos
¡Soy inmortal!
Año tras año, ese espíritu con fecha de caducidad:
el de breve, pero demoledor reinado; me aniquila
¡Y éste, -no podía ser de otra forma- la maldición ha vuelto a cumplirse!
Luego y como siempre: sacudo la ceniza, acallo la doliente y bella melodía
y, trasmutada a partes iguales entre Fénix y Espino, hago triunfal reaparición
para, con alas renovadas, echar a volar de nuevo
¡Y a vivir trescientos días más!
Consuelo
Perder la noción del tiempo, contemplando una puesta de sol otoñal
El lengüetazo de Guau, correa en ristre, reclamando su paseo
Cinco euros en el bolsillo
Una ocupación que no aniquile por su inutilidad
Sorber despacio un café vienés, escuchando el chisporroteo de los leños en el hogar
Leer de un tirón el Juan Salvador Gaviota y creerse fuente de la inspiración
Relación socio-familiar sin que pretendan cultivar en tu huerto
AMOR
Tener firmada la paz con la propia realidad
Ausencia total de cualquier tipo de dolor
¿¡Dónde hay que firmar!?
Consuelo
Te pierdes en mi mundo octogonal;
yo resbalo en el tuyo redondo
Te guías invariablemente por brújula norteña;
la mía bailotea cual peonza beoda
Te ahogas en mi pecera de colores;
yo camino sobre tu ancho y largo mar
Te extasías ante las tapas de los libros;
yo los abro, los leo y los releo
Te miras únicamente en bellos espejos;
yo sólo en las aguas de mis espejismos
Caminas siempre en la dirección que otros marcaron;
Teseo y yo nos tratamos de tú a tú
Y, antagónicos hasta la exacerbación,
la paradoja del cariño está en que,
aun conociendo nuestros mutuos defectos,
continuamos queriéndonos
Consuelo
No te pido
el sol,
la luna,
ni las estrellas.
Tampoco te pido que me eleves a ningún séptimo cielo
Al sol lo quiero libre de barrotes de oro.
Rabioso o sereno. Inclemente o acogedor.
Resplandeciendo por igual para todo bicho viviente.
Poder darle los buenos días y las buenas noches
Y tú a mi lado: recibiéndole y despidiéndole
A la luna la quiero guadianesca.
Anoréxica o con sobrepeso.
Rielando en el Mediterráneo.
Participando, coqueta, en el juego de los eclipses
Y tú a mi lado: buscando sus rentrées
A las estrellas las quiero sin orden ni concierto.
Dibujando caprichosas formas.
Con sus Osas por aquí, su Polar por allá,
y alguna que otra fugaz siempre con prisas.
Y ú mi lado: contándolas al unísono
Al séptimo cielo lo quiero inamovible,
justo donde ahora está.
Con accesibles escaleras,
siempre limpias de ángeles caídos
Y tú a mi lado: paseando una y otra vez sólo hasta sus puertas
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Y yo
Mi vida ha sido una mierda. Una estafa que no ha merecido la pena ser vivida -me dice con serena conformidad-
Y yo, que excepto el final aún no escrito, he releído mil veces su mamotreto de infelicidad. Sé que no miente
Y yo, que sólo soy puñado de folios a medio escribir, quiero hoy, ser su libro de reclamaciones. Aunque nadie remedie ya la injusticia
Y yo, una vez más, con impotencia, cobijo sus manos entre las mías y lloro sus silenciosas lágrimas Consuelo |
Cuando el desencanto hinque sus incisivos;
y la esperanza clave la rodilla en el camino a ninguna parte
Cuando la bondad humana se antoje entelequia;
y la maldad ajena necesidad catártica
Cuando el futuro carezca de estación con parada;
y el presente haya perdido el equipaje
Cuando falte la capacidad para inventarse ningún dios;
y se asuma la mortalidad: el irremediable ser nada.
Cuando el callejón quede cerrado tras de sí;
y la retina, no transmita el azul, el dorado ni el argenta
Cuando la realidad vapulee una y otra vez;
y no quede sonrisa que ofrecer, ni mejilla que poner
Cuando el sueño se quiebre hecho añicos;
y el desaliento, acunando esté las ilusiones
Entonces:
Malvenido seas a la derrota de los vencidos
Consuelo
Entran de rondón en vandálico tropel.
Se instalan en su mesa y, sirviéndoles de festín,
le devoran hasta dejarle en los huesos
Después, danzan con sus despojos
Y no sabe cómo impedir su entrada
Por eso
teme la llegada de esas noches,
con sueños poblados de demonios que,
en orgiástico botellón, no dejan títere con cabeza
Y no sabe cómo impedir el desmadre
Más tarde,
cuando la resaca -la de todos- llame a la puerta,
un conminativo: ¡Qué cese ya la música!
dará vía libre a luz fumigadora,
que borre todo rastro de Azufre Nª 5
Y entonces se hará la paz
Consuelo
Te imagino sonriendo
igual que yo sonrío, al evocar como,
tal que mimosas aventadas
volaban nuestras risas,
cuando recreábamos un invierno muy lejano,
donde ejerceríamos de ancianitas encantadoras
Tú, con tu proverbial sensatez,
desfaciendo entuertos al garrotazo limpio.
Yo, toda despiste,
enviando a Cuenca, al incauto que preguntara por la Plaza de Cataluña o la Puerta del Sol
Tú, te apeaste -te aperaron- en la estación Verano,
llevándote mi brújula en tu equipaje.
Yo, continúo viajando hacia donde la conductora quiera llevarme
Y te imagino
-en ese más allá que el miedo humano inventó-
sonriendo igual que yo sonrío…
Consuelo