Tú y yo: inquilinas del mismo útero
Te imagino sonriendo
igual que yo sonrío, al evocar como,
tal que mimosas aventadas
volaban nuestras risas,
cuando recreábamos un invierno muy lejano,
donde ejerceríamos de ancianitas encantadoras
Tú, con tu proverbial sensatez,
desfaciendo entuertos al garrotazo limpio.
Yo, toda despiste,
enviando a Cuenca, al incauto que preguntara por
Tú, te apeaste -te aperaron- en la estación Verano,
llevándote mi brújula en tu equipaje.
Yo, continúo viajando hacia donde la conductora quiera llevarme
Y te imagino
-en ese más allá que el miedo humano inventó-
sonriendo igual que yo sonrío…
Consuelo