DE LA SERIE: EL CUARTO PODER

Y yo, sin bufanda

 

Esos gurús mediáticos en que se han convertido los meteorólogos que cubren la información del tiempo y a los que, en  ocasiones, encomendamos muchos de nuestros proyectos, se han cubierto de gloria  este verano.

Colocaron sobre nuestras cabezas -allá por los inicios de la primavera- la espada de Damocles, en forma de amenaza del verano tórrido que se nos avecinaba: “Uno de los más calurosos de los últimos tiempos” apostillaron para amedrentarnos aún más. Creyéndoles a pies juntillas, incluso se llegaron a lanzar consignas a la población a fin de paliar aliar en lo posible los efectos de la canícula de este 2007; a saber: beber mucho líquido, embadurnarnos de cremas hasta las cejas, retirarle el saludo al sol, atrincherarnos entre ventiladores y aires acondicionados…

Transcurrió junio sin verle las orejas al lobo; julio hizo otro tanto sin dejarse oír su aullido: no sólo no ha hecho el calor anunciado sino que, incluso las temperaturas, no han alcanzado en ningún momento, los valores a las que el séptimo mes nos tiene acostumbrados.

En agosto tuvimos cuatro días de bochorno, debido más a la acusada humedad ambiental, que a las temperaturas en sí. Después comenzaron las lluvias.

Y otra vez, contundente, el oráculo de los supuestamente  entendidos en esto de fríos y calores se hizo oír: ¡Se podía dar por terminado el verano! Sí, a mediados de agosto, para ellos, el verano había concluido.

¡¡Tíos!! -me dije al escucharles- se tendría que castigar vuestra incompetencia  obligándoos a pasar lo que resta de verano con sus correspondientes días calurosos -que los habrá- a ir con anorak y pasamontañas.

 

Si yo, que soy una profana en esto de la meteorología, con mojarme un dedo índice y exponerlo al intemperie, soy capaz de pronosticar el tiempo que va hacer en la próxima media hora, con un margen de error mínimo; ¿cómo, profesionales a los que se les supone conocimientos en la materia, no distinguen el granizo de una tormenta de verano de un chuzo de punta?

Sólo se me ocurre pensar que, una de dos: o los que dan los pronósticos diarios sólo son bustos parlantes que dependen de los datos proporcionados por los becarios de turno; o son socios capitalistas de empresas de refrigeración interesados en acobardar al personal y así ganar una pasta gansa.

Esto último, sin duda, este año lo han conseguido .

 

Consuelo  

 

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