Detrás de los cristales, llueve y llueve
Tú eres tonta o qué, -me auto espeto- llorar por una simple fiesta mayor de barrio, con lo que está pasando por el mundo!
Atrás voy dejando: las caras desilusionadas de los que llevan todo el año preparando los decorados; a los de la banda callejera de música, quienes, protegidos con chubasqueros amarillos, le plantan cara a la tormenta y hacen sonar sus instrumentos; las calles con sus sillas y mesas recogidas, vacías; las guirnaldas de papel pinocho, deshojadas por el agua; el tobogán y la casa de la bruja, esperando a unos niños que no vendrán...
No, pero si no lloro; es esta maldita lluvia que moja mis mejillas.
Consuelo