Naderías

 

Abajo:

El hormiguero humano bulle.

Unos aspersores riegan los parterres.

Un perro pata en alto, mea junto a un árbol.

Otro perro acude a olisquear la orina.

Tres ancianos inexpresivos ocupan un banco.

Una mujer y un caniche hacen otro tanto en el banco contiguo.

El kiosco de helados cerrado a cal y canto soporta la solana.

Cinco cotorras (ruidosas como cien) celebran un cónclave matutino

 

Arriba:

En la bóveda celesta maquillada de azul calima,

un avión dibuja una estela blanca que,

Eolo, aventa.

Una nube impertinente,  trata de difuminarle el color

al cielo que esta noche,

se cuajará (con permiso de las impertinentes) de estrellas

y ofrecerá la rentrée -siempre primicia- de una luna tajada de sandía.

 

Y yo desde mi terraza -jardín efímero de

cuatro geranios, un par de enredaderas y unas clavellinas de capa caída-.

como privilegiada espectadora en butaca de palco:

sorbo un poco de té al limón, helado;

entrecierro los ojos;

Goytisolo resbala de mis manos y…

Sucumbo a la ensoñación

 

Si esto no es la felicidad, seguro que es su hermana gemela

 

Consuelo

 

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La vida y sus circunstancias a través de los ojos de una soñadora cabreada

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