MODAS Y MODOS
De panzas y panzones
Para alguien (o sea, yo), que posee una zona umbilical bastante resultona y que las pocas veces que se ha decidido a mostrarla fuera de las zonas de baño, ha dejado el listón muy alto, le resulta difícil -por no decir imposible- ser benevolente ante la visión de algunas panzas ajenas.
Y es que, no se trata de seguir la moda -cualquier moda- porque sí; porque se es joven y en esa etapa de la vida, parece existir licencia para todo: se puede tener juventud, una anatomía súper atractiva y, sin embargo, ser dueña de un panzón de ballena preñada de trillizos.
A la hora de dar rienda suelta a nuestro instinto exhibicionista, hay que saber diferenciar lo que se puede lucir de lo que no. Tod@s tenemos algún encanto propio e intransferible al que sacar partido, y para el que, seguro, habrá moda que siente de maravillas. Sólo es cuestión de encontrarlo, explotarlo y sentirnos diferentes al resto.
Por todo ello: cuando veo esas barrigas descomunales oscilando de derecha a izquierda y viceversa, o botando arriba y abajo, no puedo evitar traer a la mente aquel tanguillo que la desaparecida Lola Flores, recitaba con su personal gracejo y que dice algo así: "...ella sí que por arriba y abajo le salen colgajos y nos redondeles, que ella dice que son de manteca y se mete los pisapapeles en la biblioteca..."
Mención aparte, merece el panzón de las gestantes que se animan a lucirlo. No sé quién las puede haber convencido de que están guapas con él al aire. ¡Ojo! No me estoy metiendo con el embarazo ni las embarazadas; sólo lo hago con las que esgrimen la cursilada de la maternidad y su intrínseca hermosura, para sacar la tripa al sol, cuando, se mire por donde se mire, estéticamente no deja de ser un panzón por lo general feo, que estaría mejor tapadito: por el bien de retinas ajenas y por el de su feto: quién puede asegurar que no pasa frío. ¡Pobrecito! Como desde donde está no puede quejarse.
Consuelo
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