En esta hora del ocaso

Plantó un pino que no medró.
Escribió libros en hojas virtuales.
No condenó a vivir a nadie

 

Anda a la postre:
desmotivado en lo de desfacer y desfacer,
cansado de encasquetarse la bacía,
plantar cara a los molinos y
dolorido por los rebotes de sus lanzadas al aire

 

Finalmente se ha decidido a presentarlos:
-Aquí unos molinos
-Aquí unos vientos
Y, entregados a la liturgia de su danza,
los ha dejado.
Sólo les reclamará de tanto en tanto
con su brisa,
alguna caricia al compás de tres por cuatro

 

Su vida fue como fue.
El guión, -por pluma ajena- ya estaba escrito.
Y si ni las autoenmiendas lograron mejorar las malas escenas
¿Por qué va a ser diferente en el epílogo?

 

Hubo lo que hubo. Hay lo que hay. Habrá lo que habrá

 

Con la melancólica claridad que le brinda la luz de la tarde,
sabe que, si decide tirar adelante la representación,
no conseguirá la gloria pero tampoco habrá abucheo.
O que, si elige hacer caer el telón en cualquier momento,
no tendrá que devolver el dinero ni habrá reclamaciones

 

Ya todo está tan claro
Ya todo está tan puntualizado
Ya todo está tan asumido

 

En esta hora del ocaso

Consuelo


   

     

 

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