Aquí sí hay playa, vaya, vaya

 

Entre los años1847 y 1848 España iniciaba su historia ferroviaria con la puesta en funcionamiento de la línea Barcelona-Mataró.

Sirva este archiconocido dato de introito al siguiente interrogante: ¿¡Qué diantres pasó luego para que los promotores del proyecto, terminaran marchándose con los raíles a otra parte!?

Y me hago la pregunta hoy, cuando un gran viajero me ha tachado de ignorante -que lo soy- por no saber que Barcelona, no tiene comunicación directa en ferrocarril con un buen puñado de ciudades españolas.

Ciento sesenta años después de que el primer tren saliera pitando, planeando unas vacaciones con el ferrocarril como único medio de transporte, me encuentro con la sorpresa de que se tarda menos en volar a Cuba o Nueva York, que cubrir la distancia entre Barcelona y Lugo, por ejemplo, en alguno de los escasos trenes diarios que realizan el trayecto.

Pasado el inicial estupor-mediocabreo-alucinepepinillos al que mi estulticia me ha abocado, he sonreído. Si, doy mi palabra de que, en lugar de despotricar en arameo, sólo he sonreído al venirme a la mente cómo alguno@ de  los muy viajados que conozco, regresan de su paseo por las quimbambas con afectada conmiseración hacia esas pobres gentes que pueblan lo que ellos llaman tercer mundo y que es, precisamente, donde al parecer les gusta ir. Criaturitas; pero si el tercer mundo, al menos en lo que ha infraestructura ferroviaria se refiere lo tenéis aquí mismo. Intentar llegar al Tajo sin pasar por el Manzanares y sabréis lo que vale un peine. Se os hará la luz -igual que se me ha hecho a mí- sobre el porqué nos obstinamos en vivir apiñados en puntos concretos de nuestra piel de toro, mientras miles de hectáreas permanecen semidesérticas: campos abandonados, aldeas sin ninguna clase de servicios, pueblos fantasmas…

 

Vaya,  me temo que he terminado triscando por los Cerros de Úbeda. Y eso que sólo quería hablar de Barcelona y su deficiente comunicación en tren con buena parte del resto de la península; y  hablar de Barcelona, no es hacerlo de un pueblito perdido en medio de nada, ni de un lugar inhóspito; sino de una gran urbe: ciudad mediterránea cargada de historia, cosmopolita, de rica cultura  y que, además, sí tiene playa.

 

 

Consuelo

 

 

 

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